En la vida hay cosas que nos gustan y cosas que no. Existir significa que ambas se manifiestan a nuestro lado sin convertirse en un problema. El estado presente de cada uno es que no podemos estar en dos mentes al mismo tiempo, aunque lo intentemos. Esto muestra que existe un camino concreto y claro.
Sin embargo, hemos prolongado el hábito equivocado: cuando surge un instante de conciencia, caemos en seguirlo con pensamientos. Aquí está la diferencia entre la gente común y los sabios. La realidad es que sus vidas son iguales y siguen siendo personas, pero el sabio deja que todo surja tal como es y toma la “medicina de la inevitabilidad”. De ese modo, la salvación llega sin excepción. Esa es la enseñanza del Dharma.
Los cinco sentidos —ojos, oídos, nariz, lengua y cuerpo— actúan de manera natural, mostrando las cosas tal como son. A través de ellos ya estamos en contacto directo con la realidad, sin restos ni añadidos. Lo que debemos aprender es a ver lo real dejando de lado los pensamientos. La diferencia está entre los pensamientos y los hechos. El error surge cuando nos apartamos de los hechos y nos quedamos atrapados en el pensar, en lo que nos gusta o no nos gusta.
Ser es simplemente el movimiento propio de cada uno. Ese sonido que escuchas por primera vez está directamente en ti: es un aspecto sutil y maravilloso de la naturaleza humana. No es algo que deba pensarse o entenderse, sino un hecho que cada uno de nosotros está experimentando ahora mismo. Y buscamos pruebas de ello, aunque la prueba ya está en la experiencia misma.
Gien Inoue